Published On: mié, May 9th, 2018

“Botar el sofá”, te contamos como funciona la economía de Cuba

Cualquiera diría que la denominada actualización del modelo económico que comenzó a implementar el gobernante Raúl Castro es una estrategia engañosa para aparentar lo que no es. Por una parte se anuncian cambios en aras de modernizar las caducas estructuras económicas estatales, pero por otro lado subsisten ciertos mecanismos que aseguran, en buena medida, el mantenimiento del inmovilismo.

Uno de esos mecanismos retardatarios es la planificación centralizada, la cual, de acuerdo con la versión aprobada de la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, constituye la vía principal de dirección de la economía.

Es importante señalar que no nos referimos a la planificación operativa que se aplica en muchos negocios con el objetivo de organizar y ordenar los procesos productivos y de prestación de servicios. La verdaderamente nociva es esa amalgama de cifras directivas que parten de los niveles centrales de la economía hasta llegar a las empresas y entidades de base.

La primera contradicción que se presenta es que no son los colectivos obreros los que confeccionan sus propios planes, sino que esa tarea les corresponde a las Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial (OSDE), una instancia intermedia entre los ministerios y las empresas.

Por tal motivo, las empresas se ven obligadas con frecuencia a cumplir planes de producción que fueron diseñados por personas que no conocen cabalmente sus características ni potencialidades productivas. Además, se priva a empresas y entidades de la posibilidad de realizar estudios de mercado y producir realmente —tanto en cantidad como en surtido— lo que demanden sus clientes potenciales.

A propósito, ese divorcio entre la producción y el mercado sería una de las causas del elevado nivel de inventarios ociosos que exhibe el sistema empresarial cubano. Durante la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular trascendió que el 26% de los inventarios del país está conformado por mercancías terminadas y listas para la venta, pero que no encuentran compradores.

El otro gran problema que genera la planificación centralizada es la desagregación de las cifras del plan a las empresas y unidades empresariales de base (UEB). Este último, el eslabón primario del sistema empresarial de la isla.

La lógica indica que las entidades debían de conocer sus planes durante el primer mes de cada año, y así poder calibrar sus fuerzas con vistas a cumplir los indicadores provenientes “de arriba”. Sin embargo, la burocracia que corroe a la economía cubana impide que ese objetivo se cumpla en todos los casos.

Según una información aparecida en el periódico Trabajadores, más de 400 empresas y entidades desconocían sus planes de producción para el año 2018 ya en pleno mes de abril.

Es decir, que esas empresas tendrán un lapso relativamente breve para enterarse de lo que deberán producir durante todo el año. Una situación que a menudo provoca la modificación de muchos planes —generalmente para arriba, y pocas veces para abajo—, con el consiguiente perjuicio para los trabajadores, los cuales en ocasiones no pueden acceder a los estímulos salariales que contemplan los sistemas de pago.

En las asambleas sindicales que por estos días celebra la oficialista Central de Trabajadores de Cuba (CTC) en preparación de su XXI Congreso a celebrarse a inicios de 2019, algunos asistentes se han quejado de la mencionada demora en la desagregación de los planes a los niveles de base.

Sin embargo, caen en lo que los cubanos denominamos “botar el sofá”, pues consideran que todo podría resolverse con mayor exigencia gubernamental. No van al meollo del asunto: los daños de la planificación centralizada.

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